Las historias sin acabar son como un mal sueño. Te despiertas, sobresaltada, con una sensación extraña en el pecho. E intentas recuperar el control sobre tu cuerpo que, aunque no lo quieras, tiembla de miedo. Eso es lo que ocurre cuando sientes que algo no ha acabado.

Porque esas historias siempre duelen, y temes que de un momento a otro, ese espacio entre páginas no se rellene con un punto y final, sino con un punto y seguido. Eso es lo que le ocurre a Olivia. Tras tres años sin visitar su lugar de veraneo, se ve obligada a regresar a causa de la boda de su hermana. Pero ello llevará consigo reencuentros no muy deseados, o quizás más de lo que ella misma piensa.

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