Project Zero, una de las sagas más terroríficas del mundo de los videojuegos y querida por muchos jugadores tuvo una buena ración de juegos en la época dorada de nuestra querida PlayStation 2. Siempre he sido amante de las plataformas, pero más aún de los survival horror, ya sabéis, sobrevivir al horror, ya sea matando Zombies, escapando de extrañas criaturas o fotografiando fantasmas… Sí, lo he dicho bien, acabamos con los fantasmas haciéndoles fotos, pero no tipo selfies, sino haciéndoles fotos con una cámara muy especial que los debilita y acaba con ellos.

Hoy en RetroJayaa vamos a hacer de fotógrafo y exorcista, por lo que id cogiendo vuestra cámara de fotos más aterradora y un buen amuleto que nos protege, porque nos harán falta. 

Cuando jugué al primer Project Zero quedé encantado con la propuesta fresca que éste nos ofrecía dentro del mundo de los survival horror, un género que aún estando en auge, empezaba a tener síntomas de cansancio. No se si fue por la estética del juego, que se centrase en el folklore japonés, o simplemente lo mal que lo pasaba cuando aparecía un fantasma. Sólo sabía que me encantaba la propuesta que nos ofrecía Project Zero y claro, cuando se anunció su segunda parte, el hype que tuve fue bestial.

Era la secuela de un juego que había disfrutado un montón y con la segunda parte, pensaba disfrutarla mucho más que la primera, y eso pasó. Jugué la versiones que fueron apareciendo en PS2, Xbox y WII. Fue ésta versión la que más tiempo tarde en jugar, no porque no quisiera sino por la cantidad de buenos juegos que habían en el resto de plataformas que me hizo que lo dejase en un segundo plano, no dejar de jugarlo pero si tenerlo en mente de vez en cuando. Y fue la que más disfruté. 

En el juego controlamos a dos hermanas gemelas, Mio y Mayu, que llegan a un poblado encantado y empiezan a ser testigos de extraños sucesos que están mucho más relacionados con ellas de lo que parece en un principio.

Para combatir a los fantasmas y espíritus que nos iremos encontrando no dispondremos de armas sino únicamente de una cámara encantada conocida como la Cámara Oscura, capaz de captar aquello que el ojo humano no puede ver.

Iremos recogiendo varios tipos de carrete para la cámara oscura, que vendrán a ser a modo de munición y dependiendo de la exposición, deberemos de cargar la cámara mientras apuntamos al fantasma y disparar. Cuanto más carga, más daño. Deberemos recorrer varios escenarios, recoger objetos y resolver distintos puzzles para poder avanzar en nuestra aventura.

Al igual que los survival horror de antaño, deberemos de revisar el mapa en muchas ocasiones para orientarnos y así no dar vueltas a lo loco como pollo sin cabeza. Básicamente esa es la historia y no os digo más para no destriparos la misma. Si es cierto que el juego se puede tratar de un pequeño remake con respecto a las otras versiones, donde se mejoró iluminación, texturas y animación. Donde más se notó la diferencia fue en el control, que aún siendo muy tosco, fue adaptado decentemente a las bondades del mando de WII. Y en el juego, que pasamos de tener planos estáticos a movernos con el personaje cámara al hombro como en Resident Evil 4.

Puede ser que jugarlo en los tiempos que corren a más de uno lo tire para atrás por lo tosco del manejo y lo lento que ha veces el juego transcurre, pero si jugáis a oscuras y con un buen aparato de sonido descubriréis el porqué mucha gente recuerda esta saga con algún que otro escalofrío. 


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