El cómic “Antonio Machado: Los días azules” firmado por Cecília Hill y Josep Salvia, guionista y dibujante, respectivamente, narra los últimos meses del poeta Machado. Solo algunas páginas se dedican a tiempos anteriores al viaje que hizo el poeta en compañía de su madre, de su hermano José, de su cuñada y, durante un tiempo, de sus sobrinas (serían enviadas a Rusia antes de llegar a Francia). Un viaje por etapas que tenía la meta en un pueblo costero francés llamado Collioure.

La historia se divide en dos partes. Los autores no separan el relato de forma expresa, pero el dibujo se desliza hacia el costumbrismo en la zona final que se ocupa de la estancia de Machado en Francia. El texto, a su vez, se instala en una mayor zona de reflexión, en el territorio de la poética.

El dibujo de Josep Salvia se acerca a la línea clara de la escuela valenciana y hace un uso de las páginas muy original. Algunos detalles son de lo más interesantes. Por ejemplo, los rasgos del poeta no están especialmente marcados. Porque Machado, al fin y al cabo, es uno más de esos miles que llegaron a la frontera francesa.

El texto busca en la realidad para acercarse a la verdad de lo que pasó tanto como puede ser posible. Un momento entrañable de la niñez de Machado, su madre llorando después de despertarse de forma improbable para preguntar por su hijo que ya estaba muerto (se le dijo que estaba en el hospital aunque la mujer se echó a llorar intuyendo la verdad), esa misma mujer preguntando sobre la distancia que les separaba de Sevilla cuando se acercaban a Francia, un paseo de Machado junto a su amada Leonor… El cómic, así, se convierte en un trabajo entrañable, evocador, elegante.

Los tonos azules aparecen en las viñetas cuando se quiere señalar la importancia de la mirada de Machado, cuando el mar toma importancia, cuando el Mediterráneo hace que el poeta reflexione y siga trabajando, cuando los cielos de las distintas etapas reinan en la consciencia del protagonista. Los días azules son la poesía de Machado derrotado y sin esperanza.

Qué tristeza imaginar (ver en la viñeta) a Machado mirar un mar que no puedo contar apenas. Qué pena y que injusto para todos. 

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