El cine de terror, por lo menos para servidor, es el mejor género que existe. Te mantiene en tensión, te pega sustos y te cuenta historias que son fabulosas (no en todos los casos, pero ya eso es cuestión de gustos, como esta opinión).

El otro día tuve la posibilidad de visionar Malasaña 32, una producción española que intenta narrar los hechos acontecidos en el Madrid de los 70. Y decimos que intenta por que la historia, en sí, no es del todo cierta. Pero eso lo vamos a dejar para otro día,centrándonos un poco en lo que se nos quiere contar en esta cinta.

Manolo y Candela se instalan en el madrileño barrio de Malasaña, junto a sus tres hijos y el abuelo Fermín. Atrás dejan el pueblo en busca de la prosperidad que parece ofrecerles la capital de un país que se encuentra en plena transición. Pero hay algo que la familia Olmedo no sabe: en la casa que han comprado, no están solos.

Candela está muy asustada, ya que el cambio de ciudad al campo no le sienta muy bien, o por lo menos eso es lo que intenta aparentar, ya que, esconde más que muestra. Junto a ella está su marido, que no está muy por la labor de volver a la ciudad.

Todo ello, se cuenta de una manera enrevesada, para que nos quedemos un poco enganchados a lo que podemos ver en la pantalla. Pero es que, en eso se ha quedado la historia, que no vamos a revelar como sigue, en un quiero y no puedo. Si es cierto que el tema económico, muy presente en las familias españolas, se muestra de una forma bastante interesante. La misería siempre seguirá a la clase trabajadora.

No nos vamos a engañar, la cinta utiliza el susto fácil o el cambio de guión al final del film para que subamos la nota del mismo. Eso sí, nos quedamos con un par de escenas que son bastante buenas. 

El director Albert Pintó (Matar a Dios) nos ofrece una primera mitad del metraje bastante buena, con presentación de personajes, ambiente, misterio y un poco de susto. Pero es en la otra mitad donde la película ya ni siquiera da miedo, por lo que nos encontramos con una especie de Expediente Warren pero a la española.

El apartado sonoro está a la altura de lo que uno puede esperar. Sonido bien definido y una banda sonora pasable pero acorde a la situación que veremos en pantalla. La película juega mucho con el sonido, por lo que se lleva una buena nota.

Malasaña 32 es entretenida, tiene alguna que otra escena bastante buena, pero se queda en una historia que no llega a cuajar, llama la atención, pero no se queda en la retina. Quizás la soberbia Veronica inspire a este director para su próxima producción, pero ya estamos hablando del gran Paco Plaza. Ya esta disponible en plataformas digitales.

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