Llevamos un tiempo donde se ha puesto muy de moda repetir la fórmula de la saga de From Software influenciados por los proyectos de Miyazaki. Y eso mismo es lo que nos vamos a encontrar hoy con el análisis de Dark Devotion.

Hibernian Workshop, los creadores de este videojuego independiente, son un pequeño estudio francés compuesto por tan sólo tres personas, dándole ese toque Souls a su nueva obra pero mezclado con acierto con elementos metroidvania y rogue-like.

Controlamos a una heroína que no tiene nombre en un mundo en el que la religión y el culto a su dios están por encima de todo. Un lugar cruel, en el que incluso los hijos son separados de sus padres para convertirlos en guerreros desde su más pequeña infancia. Todo el que se enfrenta a esta ley religiosa es llevado al templo, un oscuro lugar del que nadie ha regresado. Bajo esta pequeña sinopsis nos tocará a nosotros descubrir lo que hay detrás de esta sombría y cruel hermandad.

Quizá el lore al igual que en las obras de Miyazaki, sea complicado de entender al necesitar prescindir de cinemáticas. Todo lo que descubramos deberá ser por nosotros mismos, en base a los textos que nos encontremos. Menos mal que por suerte, se guardarán en una biblioteca, así de este modo podremos consultarlos cuando lo necesitemos.

Estamos pues ante un título en el que la exploración y el combate son la base jugable. Recorreremos de manera no lineal varios laberínticos mapas, mientras buscamos mejor armamento con el que eliminar todo lo que se cruce en nuestro camino. La novedad aquí radica en que cuando perezcamos, que lo haremos, volveremos a una especie de zona central.

Esto les sonará mucho a los fans de Dead Cells, y al igual que en esa aventura, sólo conservaremos las mejoras que hayamos adquirido y el equipamiento básico. Aunque este irá mejorando según lo vayamos encontrando en nuestros viajes, pero es posible que localicemos alguna mejor y su diseño se guarde en la forja. De este modo, el herrero que se encarga de fabricarnos estos suministros, ya podrá crearla siempre que queramos.

Además de armas y armaduras, también podremos llevar hasta cuatro objetos diferentes que podremos activar con la cruceta. Entre estas ayudas tendremos por ejemplo vendas, pociones o bombas. De inicio siempre comenzaremos sin ninguna, pero si completamos las misiones secundarias que nos van ofreciendo, se nos obsequiara con nuevos bocetos para poder usar en la fragua.

Nuestro personaje muere bastante rápido, ya que tendremos dos barras diferentes, una de armadura y otra de vida. Ambas serán sólo de uno o dos golpes de aguante, a no ser que hayamos localizado piezas que nos sumen puntos a estas. Deberemos tener en cuenta también las características de cada accesorio. Es posible que reste mucho al porcentaje de críticos o eleve demasiado el de fallos, por lo que no nos interese.

Igual sucede con las armas. Cada una tiene su puntuación de daño pero no siempre nos vendrá mejor la de puntuación superior. Esto se debe a que algunas serán más lentas o que debamos manejarlas con las dos manos, perdiendo así la opción de portar un escudo o un libro de hechizos. También disponemos de una barra de resistencia, así que nos tocará enfrentar cada combate con mucho cuidado y aprendernos los patrones de cada enemigo.

Nuestra “nameless” conseguirá puntos de experiencia al eliminar a los diferentes enemigos. Lo bueno es que al morir no perderemos ninguno, por lo que siempre sacaremos algo bueno de cada viaje al inframundo. Con ellos iremos desbloqueando nuevas habilidades. Estas nos permitirá recuperar un punto de armadura por cada muerto, lanzar hechizos más rápido, o gastar menos energía al esquivar. El único pero, es que únicamente podremos tener activa una de cada nivel, aunque se podrán cambiar en la zona central.

También podremos mejorar al personaje cuando encontremos las llamadas “Losas Antiguas”. Cada vez que localicemos una, elevará alguna de nuestras características como la barra de resistencia o nuestra Fe. Esta última, es quizá el añadido más destacable de este videojuego. Su uso es esencial a lo largo de la aventura. La utilizaremos para lanzar hechizos, pero muchísimas ocasiones nos encontraremos con diversos altares que requerirán de una cierta cantidad de este Dogma para ser usados. Algunos sanarán, otros nos otorgarán bendiciones e incluso los habrá que nos abran nuevos caminos.

Como es normal en este tipo de videojuegos, nos enfrentaremos a poderosos jefes finales. Aquí el juego da el Do de pecho por su variedad, dificultad y diseño. Habrá bastantes a lo largo del juego, cada uno muy distinto del resto. Visualmente resultan muy espectaculares y nos pondrán las cosas difíciles, por lo que prepararos a morir muchas veces que os hemos dicho al principio del análisis. 

En cuanto a su apartado artístico, como podéis comprobar por las imágenes estamos ante una obra con estética pixel-art. Su ambientación es oscura y deprimente, como una edad media sombría. Incluso podremos observar sobre la protagonista las diferentes armaduras que nos vayamos equipando. Esto no suele ser habitual en juegos pixelados. Además está dibujado a mano por los desarrolladores, por lo que tiene mucho más mérito.

Los escenarios están lleno de diseños únicos, y los personajes poseen una gran variedad de animaciones. También merece la pena destacar el gran trabajo en la iluminación, dando esa sensación lúgubre y oscura que destila el juego por sus cuatro costados. Gracias a ella las localizaciones ganan en inmersión. Teniendo en cuenta que no estamos ante un motor gráfico potente, esto hay que ponerlo en valor.

El sonido está muy bien trabajado, sobre todo en las melodías que suenan durante el combates contra los jefes finales. Durante el resto de la aventura, nos ofrece composiciones tétricas y ambientales, en función de la localizaciones en las que nos hallemos. Por contra, los efectos de sonido cumplen su cometido sin sobresalir especialmente.

Con todo, es un título al que merece la pena jugar, sobre todo si sois amantes de cualquier metroidvania, rogue-like o Dark Souls. Tiene un poco de cada uno, pero sabe mantener su propia personalidad. Si habéis disfrutado con Salt and Sanctuary o Dead Cells, no lo dudéis.

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