Seguimos con las aventuras del abogado ciego que nos trae Panini Cómics con un décimo tercer tomo un tanto atípico. Un total ocho números que engloban dos arcos argumentales muy dispares.


Charles Soule, guionista de cómics, músico y abogado. Curioso que el personaje de la obra y el escritor tengan en común la abogacía. Por lo que no es de extrañar que la narrativa del primer arco argumental del tomo se centre en la batalla entre abogados y el sistema para abrir un nuevo frente ante la ley: que un superhéroe se pueda sentar en el banquillo como testigo sin tener que desenmascararse y testificar contra los delincuentes que de otra manera se librarían de la cárcel en la mayoría de los casos.

Una idea casi nueva, pero muy bien explicada al lector. Y ahí es donde radica el gran interés por este arco argumental, nos hacen partícipe de las dificultades legales y se entiende a la perfección (salvando las distancias dentro de lo que cabe).


El enfrentamiento entre los abogados queda reflejado de forma magistral, con pelea en los alegatos incluida. Soule hace un ejercicio narrativo espléndido llevándonos de la mano de principio a fin por las fases más importantes de un juicio. Por otro lado Kinping no va a dejar que Matt Murdock se salga con la suya y contratará a personal que le haga la vida imposible dentro y fuera del estrado.


El segundo arco argumental es un mero ejercicio de distracción. Daredevil viaja a China después de recibir una nota de auxilio de su anterior compañero Punto Ciego solo para descubrir que es una trampa.

Sin hacer spoilers….una historia vacía e innecesaria utilizada para crear impacto en el cliffhanger final. Y hasta aquí puedo describir. Esto siempre es una opinión del que escribe esto.


A los lápices contamos con el equipo habitual que se están ganando un lugar en la vida de Daredevil, me refiero a Goran Sudzuka y Ron Garney que se complementan perfectamente. El primero con dibujos limpios y expresivos, y el segundo apoyándose en sombras millerianas.

Aparte de los sospechosos habituales tenemos a Alec Morgan (Aquaman, Inhumanos) con un dibujo que no rompe la tónica del tomo, cumpliendo su labor en tres números con un arte más cercano al de Sudzuka pero con líneas mucho más finas.
En definitiva un buen tomo que cojea a nivel argumental con la segunda parte solo para dejarnos con la intriga hasta el siguiente. Muy recomendable para los lectores clásicos de Daredevil.

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