Pixelopus nos trae una propuesta tan arriesgada como es el bullying, llevándolo a los videojuegos con tremendo cuidado y mucha exquisitez por cómo contarlo. 

Estamos en Denska, ciudad antaño reluciente, pero hoy sumida en la oscuridad. En ella vive Ash, un joven marginado que no acaba de encajar, y se refugia en su cuaderno de dibujos para dar rienda suelta a su creatividad. Pero su paz dura poco cuando unos abusones se enfrentan a él, le rompen su cuaderno y le mandan a la torre del faro, lugar al parecer, maldito y con fantasmas. Nadie en su sano juicio iría allí.

Una vez en la torre, e intentado recuperar hojas que se ha llevado el viento, Ash conoce a Luna, un genio resultante de una de sus creaciones y de un pincel mágico que encuentra en este lugar. Nuestro protagonista deberá recuperar sus bocetos, a la vez y con la ayuda del pincel mágico, los dibujos han cobrado vida. Ash deberá volver a iluminar la ciudad de Denska y lograr que recupere la alegría de antes. El problema es que los abusones no le dejarán en paz si le ven.

En nuestro periplo debemos llenar de pintura mágica las calles de la ciudad dando de sí rienda suelta a nuestra imaginación para que la oscuridad retroceda. Para ello iremos usando los diseños que encontraremos esparcidos por los escenarios. Cuantos más encontremos, más podremos dibujar. Los genios nos irán haciendo peticiones y, cuando las llevemos a cabo, nos lo agradecerán dándonos “súper pintura”, la cual nos permite borrar la oscuridad más potente y poder así avanzar en el escenario. Esto forma los puzles y además habrá que plataformear bastante para poder llegar a las distintas alturas que tiene el juego.

Por el camino iremos entendiendo tanto a Ash como por qué los abusones son como son, y en esto tiene muchísimo que ver una vida llena de dolor bajo una falsa apariencia de seguridad y superioridad. Lo mejor es que el juego nunca juzga, sino que relata la historia para darnos una respuesta que tiende ir a la positividad. Nadie es bueno o malo porque sí, todo tiene un porqué, aunque esto no sea justificación, y primero se debe poder entender el problema y el comportamiento de la persona para poder solucionarlo.

Técnicamente se nota que Pixelopus ha contado con presupuesto y medios porque, para ser un juego “indie”, tiene unos gráficos por encima de la media, al igual que su apartado sonoro, incluyendo una completa traducción al castellano, marca de Sony. Es digno de ver cómo los diseños se plasman en las paredes y cobran vida, además de interactuar con los genios. Todo ello sin caídas de rendimiento.

El añadido de poder jugar con PlayStation VR se agradece, dada la belleza en su ejecución aunque se nos antoja muy limitado, no aporta nada a la historia y es breve, además de que se podría haber dado soporte al DualShock y no obligar a tener dos mandos Move. En el juego encontraremos aparte del modo historia, dos modos de juego: uno de dibujo libre que se lleva a cabo en un campo y está guiado por Mancha, uno de los genios, y el otro tiene lugar en cuatro escenarios del juego y solo permite dibujar en paredes, sin poder movernos. Los resultados son muy llamativos porque los vemos en 3D, pero el no poder moverte del sitio, resta toda la espectacularidad que este juego puede llegar a demostrar gracias a las VR.

Hay otros peros que debemos ponerle al título en sí, como que se podría haber mejorado la IA de los abusones y añadido un mapa en pantalla, dado que girase con el giro de Ash, es agotador tener que consultarlo dándole al botón de pausa. Además, no siempre queda claro qué dibujo hay que hacer para poder avanzar, y en éste juego ese tipo de fallos no deberían de ocurrir. 

En todo caso Concrete Genie destaca por su estupendo mensaje conciliador y su fabuloso modo artístico de expresarlo. Sin duda un título a tener en cuenta para padres y educadores que sigan buscando formas positivas de combatir una lacra tan grande que tenemos en el planeta como es el acoso escolar. ¡¡¡CERO BULLYING!!! 

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