Hay directores que han hecho suyas algunas prácticas del cine, hasta el punto de que no hace falta ver los créditos para saber que una cinta de Quentin Tarantino, Martin Scorsese o Ridley Scott. En la animación japonesa también ocurre esto mismo, Satoshi Kon, Hayao Miyazaki o Isai Takahata, se han apropiado de elementos del lenguaje y han sido capaces de explotarlos a su gusto. Sin embargo no hace falta tener una carrera cinematográfica milenaria para que esto ocurra.

Takao es un estudiante de secundaria que sueña ser zapatero, un día decide faltar a clase para ir a un jardín de estilo japonés para diseñar zapatos. Es ahí donde conoce a Yukino, una mujer misteriosa con la que comienza a hablar. Sin darse cuenta, ambos comienzan a verse los días lluviosos y empiezan a estrechar lazos.

Makoto Shinkai ha demostrado con creces que ha nacido para la animación, desde Voices of a Distant Star hasta Your Name ha desmarcado cada una de sus obras de la animación japonesa a la que estamos acostumbrados.

Incluso en sus obras más fantasiosas, Shinkai ha tratado de transmitir dramas humanos, historias de la vida cotidiana. Y es que aunque muestre un romance entre personas de distintos mundos o el viaje de una niña en un mundo fantástico, el director es capaz de transmitir unas emociones tan reales que asustan.

El Jardín de las Palabras no es la excepción, el dilema de un chico que a punto de terminar sus estudios, debe decidir si quiere dedicarse a su pasión. Y una mujer, que vive en soledad y huye de la realidad para estar cómoda.

La película se centra en la relación que se va formando entre estos personajes, como hablan de sus motivaciones, sus deseos y sus miedos, la construcción de un amor prohibido. Una historia en la que cualquiera se puede ver reflejado.

A pesar de la limitación de tiempo, El Jardín de las Palabras se recrea en los detalles, en mostrar con sutilezas. Todo se siente fluido, sin prisas pero sin pausas

Otra de forma de saber si un trabajo es de Makoto Shinkai es el apartado visual. El Jardín de las Palabras se puede resumir en un solo término, poesía visual. La belleza de cada plano de la película, los detalles de los personajes, los escenarios y los efectos, todo ello crea un universo marca Shinkai que te queda la boca abierta.

La capacidad que tiene para transmitir se apoya bastante en este aspecto, la composición de las imágenes junto con el ritmo dan lugar a sensaciones indescriptibles, cada plano es una cascada de emociones.

El Jardín de las Palabras es otra visión diferente del amor, un tema recurrente en las obras del director. Es una película sosegada y paciente, una historia cotidiana para gente cotidiana, una obra de arte que cualquier amante de la animación japonesa debe ver.

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