La música da alma al universo, alas a la mente, vuelos a la imaginación, consuelo a la tristeza y vida y alegría a todas las cosas.

Kids on the Slope (Sakamichi no Apollon) se estrena en 2012, adaptando el manga homónimo de Yuki Kodama, bajo la dirección de Shinichiro Watanabe y con animación del estudio MAPPA, conocidos por series como Zankyou no Terror o Punch Line. En España podemos disfrutar del manga gracias a la editorial Milky Way Ediciones.

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Kaoru es un chico que se muda a Yokosuka y entra en un instituto nuevo. Para él, que ha cambiado de escuelas continuamente desde que era pequeño, el instituto es un lugar difícil en el que encajar. Pero en esta nueva escuela secundaria conoce a un chico y comienza una nueva etapa en la vida de Kaoru. Una historia de amistad, amor y mucho jazz.

La música es el tema sobre el que se construye todo el show, hace que fluyan los sentimientos, siendo el motor de la historia. Todos los acontecimientos están ligados de una manera u otra a la música, gracias a ella los protagonistas comienzan su amistad, se introduce el romance y aparecen los diferentes conflictos. Pero tratando la música como algo intimo, con mucho cariño y mimo, escupiendo los temas a veces de forma directa y en otras ocasiones haciéndolo de manera sutil, dando mucha personalidad y originalidad a la serie.

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La música da inicio a la amistad entre los dos protagonistas, a partir de entonces comenzamos a ver conflictos entre los personajes, que siguen la tan querida formula de Watanabe. Por un lado tenemos a Kaoru, un pianista formal de lo mas académico, es un chico frio y distante, pero de buen corazón y a medida que avanza el show se va abriendo poco a poco. En el otro extremo tenemos a Sentarou, un chico salvaje e impulsivo que toca la batería siguiendo únicamente sus instintos, lejos de reglas y enseñanzas. En medio de estos dos personajes tenemos a Ritsuko, que aunque no tenga mucha presencia a lo largo de la trama, el romance gira alrededor suya en gran parte.

Los conflictos vienen dados por problemas emocionales de los protagonistas o enfrentamientos entre ellos, todos ellos introducidos por la música. Esta fórmula funciona de manera similar a Samurai Champloo, están bien construidos y no se sienten repetitivos, pero en algunos momentos se sienten predecibles.

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Las relaciones entre los personajes están bien establecidas, son arquetipos muy cerrados que hemos visto anteriormente. El romance entre los personajes resulta bastante soso, no disgusta pero tampoco es algo inolvidable.

En cuanto a animación, el estudio MAPPA hace un trabajo espectacular, las escenas en las que los personajes están tocando se sienten muy dinámicas y transmiten el mensaje de la música únicamente utilizando elementos visuales, como luces o colores. Algunos escenarios son preciosos, predominando los paisajes rurales.

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El apartado sonoro es el mayor encanto de la serie, todos los temas encajan a la perfección con el momento y transmiten con mucha fuerza al espectador. Canciones como Moanin de Art Blakey & Jazz Messengers, But Not For Me de Chet Baker o My Favorite Things de John Coltrane, entre otras grandes canciones del genero jazz consiguen atrapar desde el primer Segundo.

Kids on the Slope es sin duda una obra a tener en cuenta, con mucha personalidad y fuerza, es capaz de transmitir infinidad de sentimientos de manera muy simple. Una serie íntima y sin grandes pretensiones, capaz de crear un universo repleto de carácter, rebosando calidad en lo visual y sonoro.

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