Es costumbre entre los “puristas” del anime comentar que la industria está muriendo. Muchos tienden a nombrar grandes obras del pasado como Berserk, Akira, Evangelion o Cowboy Bebop, y no abren su mente a obras actuales con mucho que aportar. En todo momento hay obras de carácter intelectual y creativo, y otras obras que únicamente tienen fines comerciales, esto no solo ocurre actualmente. Es cierto que el mercado actual es muy competitivo y romper con los estándares no es precisamente la práctica más segura y rentable. Sin embargo hay algunos estudios de animación que tratan de distanciarse de los géneros regurgitados, Trigger es uno de ellos.

La historia se desarrolla en la Academia Honnoji, donde los estudiantes tienen uniformes que aumentan sus habilidades dependiendo la cantidad de fibras vitales que tengan sus trajes. La presidenta del consejo estudiantel, Satsuki Kiryūin, impone las reglas por la fuerza y elimina a cualquiera que se oponga. Todo eso cambia al llegar Ryuko Matoi, una chica que con una hoja de tijera y un uniforme fabricado 100% de fibras vitales alterará el orden de la academia para encontrar al asesino de su padre y repartir justicia.

La historia de Kill la Kill se desarrolla de manera trepidante, apenas hay momentos de reflexión y los que existen, solamente tienen la función de ser un breve nexo en las peleas y escenas de acción. Esto por otro lado hace que ese desarrollo sea confuso, la trama necesita de la atención del espectador ya que perderse cualquier detalle arruina el conjunto.

Sin embargo, Kill la Kill no se queda en una explosión constante de fan-service, personajes extravagantes y ropa interior ajustada. Es una serie con un estilo propio, es cierto que bebe de obras como Gurren Lagann o FLCL, pero supo transmitir una esencia propia con su ritmo y encanto.

Parte de que la serie sea un espectáculo rodante es el hecho de que es un show que trata de parodiar los tropos del anime reciente, las practicas de las que se quejan los “sibaritas” del anime. Esa ropa provocativa, esos personajes hipersexualizados, esos chistes verdes, a priori, parece que no tienen razón de ser pero tienen sentido cuando observas la obra en su conjunto.

No es común en el anime ver una protagonista que sea capaz de valerse por sí misma, Kill la Kill tiene a Ryuko, una chica que es movida por la venganza, testaruda y obcecada en conseguir sus objetivos a cualquier coste. Un personaje que encaja bien en el show, tiene carisma y su comportamiento es creíble, algo que últimamente es difícil de encontrar.

Decir que el apartado visual de la serie corrió a cargo de Studio Trigger es sinónimo de calidad y originalidad, un apartado artístico de infarto y una animación fluida con unos fondos majestuosos.

Hay que hacer especial hincapié en la banda sonora, sobresaliente en todos los aspectos, es capaz de mantener el ritmo de la historia cuando la animación necesita descansar. Una combinación de géneros que van desde el rock al jazz, pasando por la música electrónica o melódicos. Hiroyuki Sawano crea un conjunto que se distingue de cualquier otra cosa, es adictivo, enérgico y se vuelve uno con la naturaleza de la serie.

Kill la Kill fue la primera serie original del Studio Trigger, y marcó tendencia en una industria acomodada. Si bien no es una obra perfecta, Kill la Kill sabe como entretener y hacer disfrutar a todo el que se preste a echarle un vistazo.

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