Dime, Nana… ¿Recuerdas el día que nos conocimos?

Unas palabras que se te graban a fuego en la memoria, una introducción perfecta para el mundo de Nana, un mundo para perderse en el romance, el drama y la música.

En un tren con destino a Tokio, dos chicas se conocen por primera vez, ambas comparten nombre, Nana. Las dos viajan hacia Tokio para comenzar sus nuevas vidas allí, no es casualidad que estas dos chicas se encontraran y entablaran amistad tan rápido, pues el destino les tenía preparado un camino repleto de sorpresas.

Una de las cosas más complicadas a la hora de construir una historia que enganche al público es crear personajes que sean atractivos y con los que se puedan identificar fácilmente. Por esto los clichés existen, utilizar elementos que se repiten mucho en las formas de ser de las personas funciona genial para que el público se encariñe o empatice con ciertos personajes. Por eso la mayoría de personajes principales de shonnen o shoujo son muy parecidos entre sí, están creados para que la gente se sienta atraídos por su forma de ser.

Esto no es realmente algo negativo, de hecho es una práctica que bien llevada da muy buenos resultados en las series, este es el caso de Nana. En este caso se utilizan los estereotipos de chico duro al que todo le es indiferente, una chica torpe que se enamora de quien menos le merece… pero algo cambia, no son tus típicos estereotipos de serie romántica, son algo más, a base de detalles son capaces de destrozar por completo esos clichés.

Catalogar a Nana como un drama de la vida cotidiana con tintes de romance seria quedarse cortos. Aquí vemos una representación muy fiel de cómo evolucionan las relaciones entre seres humanos y como se ven afectados ante situaciones casi traumáticas, el vacio que siente alguien cuando está solo, lo inseguro que es el ser humano y toma decisiones sin meditar las consecuencias. Todo ello, plasmado con un realismo apabullante.

Es una verdadera pena que la historia se cortara en uno de los momentos más cruciales, y resulta bastante molesto ya que es una serie que puede llegar a producir dependencia. Hace que te apegues demasiado a sus personajes y situaciones, sumergiéndote de lleno en esa especie de Movida madrileña a la japonesa.

Ai Yazawa merece un respeto especial, como mangaka es capaz de crear obras de una calidad difícil de superar. Nana no es una obra perfecta, pero sí es una obra que merece la pena y que cualquier amante de la animación japonesa debe ver.

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