Resulta complicado definir la filmografía de Hayao Miyazaki es pocas líneas, un director que ha marcado tendencia dentro y fuera de Japón. Pocos directores que dedicaran su carrera a la animación japonesa han sido capaces de atraer a tanto público a sus obras y hacer que personas que nunca se hubieran imaginado ver una película de animación tengan alguno de sus títulos entre sus favoritos.

Tras sufrir el ataque de un monstruoso jabalí maldito y matarlo; el joven Ashitaka emprende el camino en busca de la cura que detenga la infección que le ha causado el espíritu, ya que esta se extiende por todo su cuerpo. Mientras, los humanos están acabando con los bosques y los dioses convertidos en temibles bestias hacen todo lo posible por protegerlo encabezados por Mononoke, una princesa guerrera; hija de la Loba. Ashitaka deberá escoger bando y decidir si ayudar a los hombres o las deidades intentando detener la maldición de su herida que se extiende por su cuerpo sin cuartel.

La Princesa Mononoke es una cinta para la que hay tener en cuenta las diferencias que existen entre las obras audiovisuales japonesas y occidentales. Si bien la industria japonesa cada vez más se adapta al mercado occidental, todavía existen ciertos tropos que pueden hacer que el público rechace este tipo de obras.

La película tiene una forma de narrar que puede parecernos algo lenta, pero hay que entenderla como una obra contemplativa, donde hay que disfrutar de cada momento, cada paisaje. Esta elección no es aleatoria por parte de Miyazaki, es importante para transmitir ese sentimiento de paz que emana la naturaleza, la película es como un paseo por el bosque donde es importante meditar cada momento y fijarse en los detalles.

Como todas las obras del director naturaleza y humanidad se enfrentan hasta encontrar un equilibrio, en este caso esa lucha es mucho más evidente y ese mensaje de respeto al medio ambiente se deja ver con claridad. Todo esto aderezado con la receta Miyazaki de leyendas y mitos tradicionales japoneses que le da un trasfondo a la historia.

Miyazaki en este caso no juzga a ningún bando, no condena a ninguno de los personajes que aparecen, todos ellos tienen motivaciones totalmente validas. El director únicamente expone unos hechos y juega a que el espectador sea quien saque las conclusiones.

El mensaje final puede dejar un sabor amargo, un conflicto que se va repitiendo y no tiene final, que se lleva consigo miles de vidas y tiene piedad por nadie. Pero podemos extraer cierto positivismo y esperanza en ese mismo mensaje, siempre habrá alguien que luche por el bien común y no hay situación en la que el dialogo y la comprensión no tengan cabida, esas ideas tienen gran peso en el film.

Resulta interesante la importancia de los personajes femeninos en la historia, Mononoke es una chica guerrera que sobrevive únicamente con la ayuda de sus lobos, fuerte e independiente con sus inseguridades y miedos. La idea de girar una sociedad alrededor de una matriarca es curiosa cuanto menos, algo reivindicativo en una industria donde predomina el orden social patriarcal.

La Princesa Mononoke es una película que no envejece, han pasado muchos años desde 1997 y pocas obras se han conservado de la forma en que esta cinta lo ha hecho. Desde su guión hasta la animación se siente fresca hoy en día y disfrutar de una experiencia como esta en la gran pantalla es un privilegio raro de encontrar.

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