Trabajar en Studio Ghibli tiene un gran problema, y es que el nombre que más recuerda la gente cuando escucha hablar de este estudio es Hayao Miyazaki. Y no es por desmerecer la labor del director de grandes películas como Mi vecino Totoro o La princesa Mononoke, pero el éxito de estas producciones no depende totalmente de la figura del tokiota. Studio Ghibli tiene algunos de los mejores profesionales del sector y todos ellos han sido piezas clave para el éxito de sus películas.

Isao Takahata es una víctima directa de esto, él fundó junto a Miyazaki lo que hoy se conoce como Studio Ghibli. Tal vez os suene el titulo, La Tumba de las Luciérnagas, un drama bélico increíblemente humano que te destroza por dentro y te hace llorar como una magdalena… Isao Takahata fue su director, y esto es solo un ejemplo de su increíble labor como director, hoy vamos a hablar de otra de sus grandes obras, El cuento de la princesa Kaguya.

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Kaguya es una pequeña chica que nace del tallo de un bambú y es criada por una pareja de campesinos que la acogen como si fuera su propia hija. La chica comienza a crecer a una velocidad vertiginosa y rápidamente se convierte en una joven muy bella. El propio bosque de bambú provee a los campesinos de todo lo necesario para cuidarla, hasta el punto de que sale oro del bambú. Con el objetivo de convertir a Kaguya en toda una princesa, la familia se marcha a la ciudad y comienza la tarea de convertir a la chica en un miembro de la realeza.

Es posible que os suene esta historia, y es que hace poco reseñamos El cuento del cortador de bambú, la obra original de mano de Chidori Books.

Con la estructura propia de los cuentos populares, El cuento de la princesa Kaguya es un homenaje al estilo narrativo japonés más clásico. Es muy complicado realizar una obra de este calibre y con esta intención, pues este tipo de narración puede resultar pesado e incluso aburrido al espectador medio. Sin embargo, es imposible aburrirse con una producción como esta, su ritmo es perfecto, sabe profundizar en los diferentes arcos y pararse para que el espectador pueda comprender los diferentes sentimientos y pensamientos.

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El cuento de la princesa Kaguya trata temas muy recurrentes en las películas de Studio Ghibli, el paso del tiempo, la nostalgia, la importancia de la familia y el contraste que existe entre los entornos naturales y aquellos manipulados por el ser humano.

Pero sin duda lo que más llama la atención de esta película es su apartado visual, tratando de imitar los dibujos de los cuentos clásicos japoneses. Resulta increíble que una película de hace 3 años rebase en calidad a las grandes producciones actuales, el uso de los colores y los juegos de luces hacen de cada plano una experiencia única que te dejara con la boca abierta.

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Si Miyazaki se evade a mundos imaginarios, con historias que se apoyan mucho en lo fantástico, Takahata es la otra cara de la moneda. Incluso adaptando un cuento del folclore japonés, es capaz de hacerlo de una manera realista, aunque estando claramente influenciado por la figura de Miyazaki. El cuento de la princesa Kaguya es una obra muy personal, lirica pero sobre todo, increíblemente hermosa.

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